"Hombre y niño" - Michael J. Carroll





No hay advertencia. Ninguna. Me veo detenido ante una luz roja. La puerta del lado del pasajero se abre, y entra alguien. Tiene una pistola en la mano
   -No se mueva, oiga. No se mueva un centímetro, o está muerto.
Me congelo.
   -Eh, Wayne -dice otra voz-. Esta puerta está cerrada.
El hombre del asiento delantero se vuelve con cuidado, y me apunta con los ojos y la pistola.
   -Qúedese tranquilo, eso es todo amigo.
No hago nada. El botón de la puerta trasera chasquea cuando lo levanta. Miro con cuidado el espejito retrovisor. La puerta de atrás se abre y alguien pone una maleta en el asiento trasero.
   -Eh-dice la voz de atrás-, aquí hay un chico.
Asiento Delantero vuelve la caneza de costado, mira con rapidez hacia atrás, luego a mí, con demasiada velocidad como para que yo pueda hacer algo.
   -Entra -dice-. No te va a morder.
El otro penetra y cierra la portezuela. Se encuentra sentado junto a ésta, y apenas puedo verlo en el espejo. También él lleva un arma.
   -La luz está verde, amigo -dice Asiento Delantero-. Vamos.
   -¿Derecho?
   -Derecho -Asiento Trasero ríe-. Sí, vamos derecho. ¿Oyes eso, Wayne? Vamos derecho. ¿Oyes eso?
   -Lo oigo, lo oigo. Cálmate un poco, ¿eh?
Mantengo la viste en el camino.
   -Eh, amigo -dice Asiento Trasero-, ¿qué le pasa al chico?¿está enfermo o algo?
   -Está enfermo.
   -¿De qué estas hablando? -pregunta Asiento Delantero.
   -Este chico, está echado aquí como si estuviese muerto, o algo.
   -Está bajo medicación -explico.
   -¿Lo lleva a un médico? -pregunta Asiento Delantero.
   -Lo llevaba.
   -Sí, es cierto, lo llevaba. Pero ya no.
   -Mire...
   -Cierre la boca, amigo, o su chico no llegará a ninguna parte.
Miro de costado. Asiento Delantero no se ha movido. El arma sigue en su mano.
   -Mire el camino -dice.
Miro el camino.
   -Siga los letreros hasta la Ruta Tres.
   -¿Qué edad tiene su chico? -pregunta Asiento Trasero.
   -Seis.
   -¿Cómo se llama usted, amigo? -pregunta Asiento Delantero.
   -Hanson -respondo-. Tim Hanson.
   -Muy bien, señor Hanson, me alegro de conocerlo. Yo soy Wayne, y ese del asiento trasero es Clark. Wayne y Clark, señor Hanson. Somos un equipo.
No contesto.
   -¿Tal vez oyó hablar de nosotros?
   -No.
   -Eh, Clark, fíjate. No oyó hablar de nosotros. ¿Está seguro de eso, amigo? Wayne y Clark. ¿Seguro que no oyó hablar de nosotros?
   -Sí.
   -Oye, esa es buena. ¿Oíste eso, Clark?
   -Sí.
   -¿Quiere saber por qué esa es buena, amigo?
   -Wayne -dice Asiento Trasero. Su voz parece contener una nota de advertencia.
   -Tranquilo, no sudes hombre.
   -Estoy tranquilo. ¿Por qué no dejas de parlotear?
   -Oiga, Hanson, ¿la radio funicona? -Asiento Delantero es un charlatán compulsivo.
   -No -respondo. De cualquier manera la manosea, usando la mano derecha. Miro el espejito. Asiento Trasero tiene una pistola en la mano. Me vigila con cuidado.
   -¿Hacia dónde? -pregunto.
   -¿Eh?
   -Ya estamos casi en la Ruta Tres. ¿Hacia dónde?¿Norte o sur?¿Aminoro la marcha del coche?
   -Hacia el norte -ordena Asiento Delantero-. Luego tome la segunda salida. Desde ahí sigue los carteles hasta Fletcher's Pond.
   -Eh, Hanson -dice Asiento Trasero-, su chico ronca. ¿Eso significa algo?
   -Sí -ríe Asiento Delantero-, significa que está durmiendo.
   -Es el remedio -respondo.
   -¿Cómo se llama su chico? -pregunta Asiento Delantero.
   -Robert.
   -Robert. ¿Lo llama así? ¿O Bobby?
   -Bobby.
   -Le digo, Hanson, creo que está bien que Bobby duerma. Quiero decir que esto podría asustarlo un poco, no es cierto, darle una sacudida o algo por el estilo, ¿eh?
   -Imaginó que sí.
   -Usted imagina. Sabe, Hanson, creo que está tomando esto con demasiada calma. No estará planeando algo, ¿verdad?
   -No.
   -Eso es muy inteligente de su parte, Hanson, si lo dice en serio. Quiero creerlo. De veras que quiero. Es decir, podría convencerlo de lo inteligente que es, pero prefiero no perder tiempo. ¿Entiende?
   -Entiendo.
   -Nos acercamos a la salida, Hanson. No pase de largo. Se está portando muy bien. Como dije, me alegro de que entienda.
Tomo la salida poco a poco. Mis ojos se desvían hacia el espejito lateral. No hay policias cerca. Sólo unos pocos coches en el camino.
   -Tómeselo con calma, Hanson. Tiene un buen coche. Ahora no querrá que quede destrozado, ¿no es así?
Mira hacia el asiento trasero, sus ojos recorren el interior, pero en realidad mantiene la vista clavada en mí. Yo no puedo hacer nada.
   -Ustec conserva el coche muy limpio -continúa Asiento Delantero-. Me gustan los coches limpios, con los asientos limpios y todo. No querría ensuciarlo para nada.
   -Ya le dije -respondo- que no intentaré nada.
   -Ya lo sé, Hanson, y -como le informé- quiero creerle. Pero resulta difícil. Tengo uuna mala sensación acerca de usted. Mira demasiado en torno, y eso me pone nervioso. Tengo la sensación de que en realidad no me toma en serio. Déjeme que le diga algo que tal vez mejore nuestro entendimiento. Acabo de matar a un hombre.
   -¡Wayne! -exclama Asiento Trasero.
   -¡Cállate! ¿Qué demonios importa lo que diga, eh?
Asiento trasero se reclina contra el respaldo, pero parece apretar el arma con un poco más de fuerza. Continúo conduciendo, mis manos resbalan sobre el volante.
   -Acabo de matar a un hombre. Hanson, ¿y sabe por qué? Se me puso en el camino. En verdad es una razón un tanto estúpida, pero no me gusta la gente que se me pone en el camino.
Entramos en un camino de tierra, estrecho y flanqueado de árboles, con muchos pozos profundos. Tengo ajustado el cinturón de seguridad. Miro el espejo. Los ojos de Asiento Trasero están clavados en mí.
   -Aunque choque contra un árbol -dice Asiento Trasero-, uno de nosotros lo liquidará.
Conduzco con más lentitud.
   -Tiene razón, Hanson -dice Asiento Delantero-. Ahora bien, yo sólo maté a un hombre. Hasta ahora. Pero Clark tiene una verdadera lista. Pero no usa pistola. Muéstrale, Clark.
   -Eso puede esperar.
   -Clark, viejo, quiero que este hombre se convenza. Quiero que sea un verdadero creyente. Ahora bien, ahí está ese simpático Bobby en el asiento trasero, y yo tengo el dedo en el disparador, de modo que no intentará nada. Muéstrale.
Miro por el espejito retrovisor. Asiento Trasero sostiene ante el rostro un cuchillo largo, parecido a un estilete, y sus ojos dan la impresión de mirar a través de él. Vuelvo la mirada hacia la carretera. El coche avanza traqueteando.
   -He descubierto, Hanson -dice Asiento Delantero-, que la gente puede vivir mucho tiempo mientras la hieren; inclusive un chico. Estos chicos tienen mucha fuerza...por la juventud y todo eso, sabe. Supongo que se debe a la vida sana y a toda esa buena sangre joven y rica ¿eh?
Trato de decir algo, pero no puedo.
   -Oiga Hanson, ¿Quiere que Clark le haga una demostración gratuita?
   -¡Por amor de Dios, dejen al chico en paz! -Hablo con rapidez, y las palabras se borronean-. Ni siquiera sabe lo que ocurre.
   -Eso está mejor, Hanson. Durante un rato me preocupó. No parecía lo bastante preocupado por ese chico suyo.
   -Déjenlo en paz, nada más.
   -Pero Hanson, estoy seguro de que lo dejaré en paz, pero en realidad eso está en sus manos. Pero eso no me preocupa. Mientras usted esté preocupado, Hanson, yo no lo estaré.
Mis manos se aferran al volante. Siento la humedad que se acumula debajo de mis brazos y me corre or la espalda.
El camino es malo, el traqueteo me sacude el cuerpo.
   -Un poco más lento, Hanson, no tenemos prisa -dice Asiento Delantero.
Saco el pie del acelerador.
Asiento Delantero sigue hablando.
   -No tenemos ninguna prisa. Disponemos de todo el tiempo del mundo. Sabe Hanson, dicen que el tiempo es dinero. Bueno, como dije, tenemos todo el tiempo del mundo.
No puedo dejar de preguntar:
   -¿Cuánto consiguieron?
   -De modo que lo sabe ¿eh? -responde Asiento Delantero.
   -Cómo puede dejar de saberlo -declara Asiento Trasero-, si tú parloteas todo el tiempo.
   -Fue nada más que un banco pequeño -dice Asiento Delantero-, pero hoy es viernes. ¿Sabe qué ocurre los viernes?
   -¿Qué? -inquiero.
   -Este banco es parte de un centro comercial. Y todos los viernes por la tarde todas las tiendas envían su dinero al banco.
   -¿Y eso es lo que tienen en la maleta? -pregunto.
   -¿Bromea? Hombre, si nos hubiéramos llevado todo, llenaría el coche, todas esas cositas pequeñas y los cheques...una enorme cantidad de cheques. No, tenemos los billetes grandes...de diez para arriba, todo lo que la gente cambió en las tiendas. Por lo menos treinta mil.
   -¿No es mucho, verdad? -digo.
De pronto Asiento Delantero se muestra furioso.
   -¿Qué demonios significa eso? -Se inclina hacia mí, bajando el arma. Mi pie se pone en tensión. Lo muevo hacia el freno.
   -¡Cállate Wayne, ahora! -Hay una repentina nota de autoridad en la voz de Asiento Trasero. La sorpresa me hace saltar. Asiento Delantero se echa atrás, y su arma vuelve a apuntarme.
   -Pincha al chico, Clark -dice.
   -¡No! -grito.
   -¡Pínchalo!
   -Tranquilízate, Wayne, no hizo nada
   -Pero estaba por hacerlo.
   -Lo siento -respondo-. No quise hacer nada.
   -No bromee, amigo, intentó algo. Trató de distraerme. ¿No es verdad?
   -No. -La voz se me quiebra.
   -Pedazo de mentiroso hijo de...
   -¡Wayne! Terminala.
   -Está bien, la terminaré. Pero ya me oyó amigo, quiero que se quede callado. Y quiero decir callado ¿entiende?
Conduzco en silencio.
Una mirada rápida al espejo me muestra que Asiento Trasero tiene una pistola en la mano, apuntada con cuidado.
Tengo que decir algo.
   -Diga, ¿qué piensan hacerle al chico?
   -Le dije que se calle -dice Asiento Delantero.
Pasa un minuto.
   -Al chico no le pasará nada -responde Asiento Delantero-. No les pasará nada a ninguno de los dos, si no me traen problemas.
   -No me importa lo que me hagan a mí. Pero dejen al chico en paz
   -Aminore la marcha, amigo -dice Asiento Delantero-. Estamos llegando al lugar que doblamos.
Un camino más estrecho aun dobla la derecha. Conduzco el coche por el camino, con lentitud. Los dos me vigilan con atención.
   -Dejen al chico aquí -digo-. Alguien lo encontrará.
   -Amigo, está loco. ¿Su chico no está enfermo? Cuernos, amigo, nadie lo encontrará aquí. Vea, tranquilícese. Está preocupándose demasiado por su chico. Podría intentar algo estúpido, y eso no les haría ningún bien a ninguno de los dos.
La senda terminaba delante de una cabaña.
Detengo el coche. Asiento trasero sale. Asiento Delantero me apunta con la pistola. Permanezco inmóvil. Asiento Trasero lleva la maleta a la cabaña.
Sale. Asiento Trasero abre mi portezuela con cautela. Me apunta con el arma.
   -¡Bueno, Wayne, sal por tu lado!
Asiento Delantero sale.
   -¡Afuera! -dice apuntándome a través del asiento-. con mucha lentitud.
Desciendo.
Asiento Delantero da la vuelta al coche. Los dos me apuntan con las pistolas.
   -¿Ahora? -pregunta Asiento Trasero.
   -No -responde Asiento Delantero.
   -¿Por qué no? nadie oirá nada aquí.
   -¿Quién sabe? Es más seguro adentro.
   -Por favor -digo. Me tiembla la voz-. Dejen al chico en paz.
   -Saque a su chico afuera, Hanson -dice Asiento Trasero.
   -¡Por favor!
   -Ahora, Hanson.
Me vuelvo y abro la portezuela trasera. Me inclino y tomo al chiquillo dormido, pequeño para sus seis años. Mi mano derecha se hunde debajo de las mantas, buscando algo.
Me incorporo con lentitud, sosteniendo al chico, la mano dereha debajo de las mantas.
   -Nada de tretas, ahora, Hanson -dice Asiento Trasero, moviendo el arma en esa dirección.
Su primer momento de descuido.
Le disparo a Asiento Delantero en el pecho, y luego saco el arma de abajo de las mantas.
Asiento trasero vuelve su pistola hacia mí, pero está fuera de equilibrio cuando dispara.
Le meto una bala en el corazón.
   -¡Quieto! -Asiento Delantero está en el suelo, la pistola apuntada hacia mí, la otra mano sobre su pecho-. No mueva esa arma, o el chico está muerto.
   -No dispare -respondo. Vuelvo la pistola hacia él. Está dolorido y en una posición incómoda. Le hago otro disparo.
Me aseguro de que los dos están muertos, y luego reviso al chico. Está bien; vuelvo a depositarlo en el coche, con suavidad.
Me tiemblan las manos.
Arrastró los cadáveres hasta la cabaña. Saco la maleta conmigo y la pongo en el asiento trasero, con el chico.

Más tarde estoy en una cabina telefónica, discando un número.
Miro hacia el coche, estacionado cerca de la cabina. El chico sigue inconsciente. Atiende una mujer.
   -¿Señora Walters? -pregunto-. Hay algo muy importante que deseo decirle, así que escuche con cuidado. Tengo a su hijo, Jimmy. Si quiere recuperarlo, vivo, tendrá que...

Y le digo a cuánto montará la suma del rescate.


  


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