"La última cena" - T.D.Hamm

Estorbada por el niño entre sus brazos, la mujer corría ahora más despacio. Guldran se sintió arrebatado por una ola de entusiasmo que barrió en él la sensacion de culpabilidad producida por haber desobedecido las órdenes.

Las instrucciones eran tajantes: No debe emprenderse captura alguna individual. En el caso de avistarse cualquier forma de vida humana, el barco debe ser notificado inmediatamente de ello. Toda lancha debe estar de regreso en el lugar de atraque no mas tarde de una hora antes de partir el barco. Todo aquel que no reporte a su debido tiempo sera considerado como desaparecido.ç



Guldran penso con desazón en los grandes mares y en los hielos que barrieron inexorablemente todo a su paso, cuando los ejes de la tierra se invirtieron, un milenio atrás.


Ahora, tanto el verano como el invierno, traían temporales y ventiscas paralizantes, que se anunciaban  por la nieve granizada, en las que los pies de la mujer, calzados con pieles, habian dejado las huellas que habian conducido al descubrimiento.


Su entrenada mentalidad de antropólogo especulaba ávidamente acerca del pequeño que habian conseguido del más joven de dos hombres que encontraron la semana anterior, casi helado y a punto de morir de inanición. El más viejo sucumbió casi enseguida, pero el otro valiéndose de un lenguaje preimario de signos, les había indicado que varios humanos habían vivido en unas cuevas situadass en el oeste, y que solo él y el más viejo habían sobrevivido al azote de algún misterioso horror. Guldran sintió un arrebato de compasión por la mujer y su niño, abandonados por los hombres, sin duda, como sacrificio a los poderes de la naturaleza.


Había sido un verdadero golpe de fortuna descubrir un macho y una hembra de la raza como semilla de los humanos, para poder ser conducida a otro planeta. ¡Y qué triunfo para él, Guldran, significaría regresar a la hora once con la presa! No había necesidad de llamar solicitando ayuda. No se trata de una incursión armada, puesto que aquellos eran los seres más indefensos del Universo...Una madre llevando a cuestas a su hijo.

Guldran volvió a acelerar la marcha. Sus gritos anteriores habían servido únicamente para espolear a la mujer y obligarla a un mayor esfuerzo. Con toda certeza, existía alguna palabra mágica que había sobrevivido a través de los siglos y siglos de ignorancia. Algo parecido al pan y sal de todos los ueblos sin cultura.

Haciendo bocina con sus manos, gritó:
 -¡Comida! ¡Comida!

La mujer volvió la cabeza, dio un pequeño traspiés y prosiguió su camino, aflojando un poco el paso, pero aún aprisa. El pulso de Guldran  se aceleró. Gritó de nuevo:
 -¡Comida!

En el mismo momento en que su pie tocó la sensible superficie de la trampa, supo que estaba perdido. Y cuando su cuerpo cayó al fondo del pozo para quedar empalado en unas estacas aguzadas al fuego, supo de qué horror había escapado el último hombre de la raza humana.

Por encima suyo, la mujer le miró, mostrándose unos dientes blancos y relucientes. Con un dedo señaló el fondo del pozo, hablando con exaltación al niño:



 -¡Comida! - dijo la última mujer de la Tierra.
Share on Google Plus

About Unknown

    top-comment blogico
    Comentarios Blogger
    top-comment faceico
    Comentarios Facebook

0 comentarios:

Publicar un comentario